¿Por qué estamos hechos para procrastinar?

¿Por qué estamos hechos para procrastinar?

¿POR QUÉ ESTAMOS HECHOS PARA PROCRASTINAR?

Desde diversos puntos de vista, desde lo neurológico a lo emocional, nuestro cuerpo manifiesta diversos motivos para evitar realizar ciertas obligaciones o tareas que asociamos con el rutinario deber. Existen, afortunadamente, diversas formas de lidiar con esta barrera natural contra la productividad. 

La palabra existía desde hace siglos, pero Internet se encargó de difundirla fulminantemente. Sacar la vuelta, holgazanear, perder el tiempo, hacer como que se trabaja, pasarte horas viendo qué hay de nuevo en Netflix cuando deberías estar preparando esa reunión, o inventarte idas al supermercado cuando le dices a todo el mundo que estás trabajando en tu novela; en fin: procrastinar. Porque resulta que cuando nos vemos forzados a hacer algo, nuestro cerebro activa las mismas zonas del lóbulo parietal asociadas con el dolor. Entonces huimos.

Este efecto se desarrolla especialmente en actividades aburridas que requieren de un alto nivel de concentración o en actividades que duran mucho y cuya recompensa está, por ende, más lejos en el tiempo. Es más fácil agarrar la banana que está más cerca del suelo, aunque no sea siempre la más madura, piensa nuestro cerebro simiesco.

Marc Mancini establece las siguientes causas internas y externas para la procrastinación:

Miedo al cambio: no nos gusta salir de la zona de confort. Este esquema ilustra bien cómo nos enfrentamos a los cambios. Preferimos ahorrar energía, pero la verdad es que esos pequeños cambios y salidas de la zona de confort son el camino hacia la zona de aprendizaje y, para los más atrevidos la zona mágica: donde no hay nada controlado.

Matti Hemmi, en su libro ¿Te atreves a soñar?: Sal de tu zona de confort y alcanza tus sueños

No se trata tampoco de que te deshagas de tus pertenencias terrenales y te marches a la India para encontrarte con tu ser y/o con el Dalai Lama. Puedes empezar con pequeños cambios: ocupa un camino diferente para ir al trabajo, redecora tu casa, visita esa pequeña maravilla de la cultura y gastronomía que es el Café 80 Mundos. La idea es que tu cerebro se vaya acostumbrando al cambio.

Miedo al fracaso: si te dicen tres cosas buenas y una mala, inmediatamente preguntarás por la negativa. Como con los comentarios de Youtube. Esto no solo demuestra que no solo nos centramos en lo peor, sino que también nos da pánico fallar. Este sentimiento es el más paralizante de todos. Día a día, miles de artistas, inventos e ideas geniales quedan enterrados en las mentes de todas las personas que no se atreven a enfrentar un posible fracaso.

Adicción al “último minuto”: existen dos tipos de estrés. Uno de ellos es el  Eustrés o estrés positivo, que nos brinda una sensación de alegría con lo que estamos haciendo y nos permite controlar efectos desestabilizantes en nuestro sistema nervioso.

“Si descansas suficiente, te alimentas bien en las horas adecuadas, tomas agua, prácticas deportes, meditas o utilizas visualización positiva y mantienes buenas relaciones sociales, puedes entrar en algo que se llama «la zona», que es el punto máximo de rendimiento con un nivel de estrés bajo control; también se le conoce como entrar en «flujo», donde el mundo parece ir más lento y tienes una perspectiva más amplia de todo lo que ocurre a tu alrededor”, dice el coach Humberto Almonacid en su libro Optimezation. Almonacid también nos indica que hay bastantes personas que entran en «la zona», pero muchos se olvidan de que el cuerpo tiene sus limitaciones y debe ser cuidado para que rinda óptimamente. Así es como se cae en el estrés dañino o el Distrés. El problema de hacer muchas cosas a último minuto es que puedes volverte adicto a este mecanismo, lo que está lejos de ser lo  más eficiente para todas las tareas y trabajos. Tienes que convencerte de que es poco productivo y de que con tiempo podrías haberlo hecho mucho mejor.

Comprometerse demasiado: muchas veces confiamos demasiado en el tiempo que tenemos y en nuestras habilidades que nos comprometemos con tantas actividades que después no sabemos cómo priorizar. Es importante que reconozcamos qué nos pasa: ¿queremos agradarle a alguien? ¿tenemos miedo a decir que no? ¿sobreestimamos nuestras habilidades? Solo así podremos ser realistas y ser respetuosos con nuestro tiempo y el de los demás al decir que sí a una tarea.

Ahora evaluemos las causas externas de la procrastinación. Sí, no todo es nuestra culpa, pero sí es nuestra responsabilidad saber lidiar con esos factores.

Actividades desagradables: una de las causas más comunes según Almonacid, quien plantea 4 estrategias para abordar cosas que debemos y no queremos hacer:

1) Ser una alondra: haz aquella actividad a la primera hora del día, puesto que si la empiezas a aplazar, es más fácil buscar excusas.

2) Recordatorio: escribe la actividad en una nota antes de irte a dormir o envíate un email o coloca una alarma en tu celular o lo que quieras con tal de que al otro día no pierdas de vista lo que tienes que hacer.

3) Pasa la responsabilidad: si estás trabajando con un equipo, tienes que aprender a delegar. Parte de esto implica entender que no todos somos iguales y aquello que consideras desagradable, personas de tu trabajo lo pueden encontrar motivador.

4) La clásica lista: divide las ventajas y las desventajas. Esto ayudará a bajar la ansiedad y le dará un recordará a tu cerebro porqué estás haciendo aquella tarea tan desagradable. Si las características negativas sobrepasan mucho a las positivas, incluso puede ayudarte a replantearte porqué la estás haciendo.

Actividades abrumadoras: no es que te desagrade, pero es que se ve tan lejana y abarca tantas cosas que no sabes por dónde empezar. Esto pasa sobre todo con los grandes proyectos, pero son estos los que te hacen salir de tu zona de confort y te ayudar a crecer. El coachAlmonacid también plantea 3 estrategias para enfrentar este problema.

1) Divide et impera: particiona la actividad en todas las tareas que vaya a implicar la realización de esta actividad e intenta colocarle una fecha. Algo así como una Ganttde proyecto.

2) A veces es mejor solo: este tipo de actividades requerirá de toda tu atención y concentración así que intenta evitar estímulos externos cuando estés enfocado en ella.

3) Aprovecha el momentum: los seres humanos tendemos a la inercia, así que cuando comiences a trabajar en tu proyecto, evita las interrupciones. De esta forma lograrás entrar en un flujo y tomar un ritmo de trabajo.

Flujo de actividades poco claro: si no tenemos una carta de navegación, estamos yendo hacia aguas de procrastinación segura. Tenemos que saber qué hacer, cuándo y cómo. Para ello lo más recomendado es tomar la división de tareas que ya realizaste y establecer un flujo de cómo realizarlas.

Metas poco claras: muchas veces nos da flojera hacer una actividad porque en nuestra cabeza tenemos disociado el efecto final . Una alternativa para definir tus metas es ocupar el método SMART:

Specific (específicas): sin ambigüedades, sin lugar a lugares comunes intenta escribir cuál es tu meta y cómo piensas realizarla. Compara “Hacer más ejercicio” con “Mejorar mi capacidad aeróbica trotando cuarenta y cinco minutos tres veces por semana”. 

Measurable (medible): de esta forma podrás cuantificar tu progreso y definir cuánto te falta o en qué etapas lograste mejores resultados. Ve el mismo ejemplo anterior.

Attainable (alcanzable): simplemente ser realista con el objetivo propuesto. Ok, media hora, martes y jueves.

Relevant (relevante): proponerte un objetivo con sentido es importante para llevar a cabo lo que quieres. Tener la pieza con mayor densidad de ampolletas en el mundo es específico, es medible, es alcanzable, pero ¿te importa realmente?.

Time-based (basado en el tiempo): intenta definir una fecha para tus metas, esto te ayudará a definir mejor tu plan de acción. Almonacid recomienda intentar trabajar en tu objetivo al menos 3 minutos al día, con la trampa que es difícil que no quieras seguir enganchado realizando tu objetivo y además ayudarás a crearlo como hábito.

*Este artículo fue basado en el libro  ‘Optimezation: la clave del tiempo para alcanzar el éxito en la vida’ de Humberto J. Almonacid. Entérate más sobre cómo optimizar tu tiempo aquí.

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Cómo afectamos a nuestro cuerpo cuando nos reprimimos

Cómo afectamos a nuestro cuerpo cuando nos reprimimos

CÓMO AFECTAMOS A NUESTRO CUERPO CUANDO NOS REPRIMIMOS

Los distintos sectores de nuestros cuerpo están asociados con emociones y expresiones, los que, al ser reprimidos, generan círculos de dolor. Una examinación atenta a estas zonas permite revelar procesos profundos que van más allá de un mero malestar físico.

1. Sección ocular: «No veas, no te des cuenta».

“Muscularmente, este segmento comprende los músculos frontal y orbicular de los parpados, temporal, occipital e interno de los ojos y la fascia epicraneana.”, dice Vikrant A. Sentis, magíster en educación de adultos y desarrollo personal en psicología humanista-existencial. El efecto de esto es una disminución de conciencia y autoconciencia. Se relaciona con patologías como la presbicia, el astigmatismo o la miopía. Ocurre cuando no queremos ver algo que nos puede perturbar o provocar dolor o no queremos ser conscientes de algo en particular. En su experiencia, Vikrant ha podido constatar como, en algunas ocasiones, en contexto de experiencia de trabajo emocional, personas miopes o estigmáticos consiguen ver normalmente durante el taller o un par de días después.

2. Sección oral: «No hables, no expreses, no chupes»

Esta sección del cuerpo se relaciona con la creatividad, porque la boca está ligada a la expresión, lo que, al reprimirse, conlleva represión de pena o rabia. Físicamente se relaciona a los músculos de la lengua, boca y mandíbula en tensión. Un bloqueo aquí puede traducirse en padecimientos de dolores de cabeza o bruxismo.

3. Sección cervical: «No te dejes ir, no sueltes el control»

Comprende los músculos del cuello, cervicales, omóplatos y trapecio. Su manifestación física claramente son dolores cervicales, pero estos representan un bloqueo más profundo relacionado con la inseguridad con el entorno. El cuello simbólicamente representa el puente entre la mente y el cuerpo, división muy marcada debido a nuestra influencia cultural judeocristiana. Se relaciona a personas con estados obsesivos o compulsivos. “Frente al flujo de lo que es, el ser humano tiene dos opciones: o bien sufrir por la falta de control o bien amigarse con la vida tal y como es, con su inherente inseguridad”, indica Sentis.

4. Sección torácico: «No sientas»

El bloqueo se manifiesta en el pecho y en la zona dorsal con dolores punzantes y respiración corta. Esta zona está conectada con la capacidad de experimentar amor, expansión y ternura; y, por lo mismo, su causa puede deberse a los afectos o falta de ellos en la vida de la persona.

5. Sección diafragmático: «No sientas miedo»

El miedo se relaciona con el diafragma debido a que es una de las primeras respuestas fisiológicas (reflejos) ante una situación de alarma. Una contracción constante limita la capacidad respiratoria del individuo.

6. Sección abdominal: «No te entregues»

Si tu cuerpo percibe una situación en la que se siente amenazado emocionalmente es probable que contraigas tu abdomen. Esta reacción es para endurecer una zona que no tiene coraza ni hueso para defenderse por sí misma. Se relaciona con la capacidad de entregarte al entorno en confianza. Un ejemplo muy clásico es cuando los perros se ponen panza arriba para que los acaricies: te están dando una muestra de confianza al exponer sus partes menos protegidas.

7. Sección pélvica: «No te excites»

Comprende los músculos de los glúteos, lumbares, isquiotibiales, zona baja del abdomen, genitales, hueso púbico, etc. Si hay una contracción en esta zona la sensación de excitación disminuye. “La represión de las sensaciones placenteras asociadas a la expansión y contracción rítmica de los músculos en el proceso de excitación sexual genera una estasis generalizada de la pelvis y los músculos de los muslos”.

 

*Este artículo fue basado en el libro ‘Terapia Corporal Emocional Neo-Reichiana: Somatic Emotional Processing’ de Vikrant A. Sentis. Entérate más sobre esta temática aquí.

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Netiquette: 10 reglas sobre cómo comportarse en internet

Netiquette: 10 reglas sobre cómo comportarse en internet

NETIQUETTE: 10 REGLAS SOBRE CÓMO COMPORTARSE EN INTERNET

Internet supone que todos podemos tener voces que opinan y discuten sobre cualquier tema. Esta libertad, que en el papel promete un nuevo nuevo tipo de democracia, no ha estado excenta de complicaciones y víctimas: noticias falsas que dañaron reputaciones, uso de memes para bromear sobre casos particulares e incluso la imposibilidad de volver a comenzar después de haber cometido un error.

En 1994, la académica Virginia Shea propuso un conjunto de lineamientos para hacer valer los derechos fundamentales en la web. Hoy, en tiempos en que la vida digital está aún más imbricada en lo cotidiano, estos principios parecen más relevantes que nunca, ¿has incumplido alguno?

N°1: Recuerda que al otro lado de la pantalla hay un ser humano. 

A pesar de que no estás teniendo una conversación presencial o quizás la broma que publicaste sobre alguien iba solo en un perfil de Facebook que no puede sentir ni expresarse por sí solo, ese avatar representa a un humano con derechos fundamentales, cuya vida realpuede verse afectada por lo que se diga en su vida virtual.

N°2: Los mismos estándares que usas para relacionarte con alguien en persona debieras ocuparlos en la web.

Esto es básicamente ser ético y respetar la ley. Si estás en una fiesta y escuchas a alguien afirmar una estupidez, ¿cómo te acercarías para corregirlo? Probablemente sería una aproximación menos agresiva de la que podrías llegar si tienes todo el tiempo y estás parapetado tras tu celular.

N°3 Sé consciente de dónde estás publicando contenido. 

Internet almacena información. Todos tenemos una huella digital. Tenemos que estar conscientes que tanto la información que publicamos sobre los demás, como de nosotros mismos deja huella en todos lados. Huella que en el futuro puede complicarnos, aun cuando creamos que todo es cosa pasada. Un gran comercial de la agencia creativa Duval Guillaume

N°4 Respeta el tiempo y los datos de internet de las otras personas.

Adopta una conducta responsable y consciente sobre la importancia de los contenidos que se publican. No todo lo que publicas es importante para quien lo va a recibir. Sí, les hablamos a uds: a los que publican Instagram Stories de sus pies caminando sin ningún contexto o suben doce selfies sacando la lengua por día.

N°5 Muestra tu mejor lado. 

Esta debe ser la regla más cumplida. Obviamente la mayoría muestra su lado favorito: sea en una foto o en el alarde de sus éxitos profesionales. El sentido de esta regla es no dejar que un momento de vulnerabilidad te haga, por ejemplo, publicar un estado depresivo en Facebook sobre lo terrible que es el amor y del cual es posible que te arrepientas. O en un intercambio de argumentos en un foro, dejar que la rabia te consuma y dejar pasar faltas de ortografía en tu respuesta. O estar borracha en una fiesta y decirle a esa amiga que suba no más tu Instagram Storie bailando penosamente. Ejemplos hay miles, pero se reduce a tener cuidado con “cómo quedas parado” al publicar algo online.

N°6 Comparte conocimiento experto. 

Al comunicar algo, lo importante es evaluar cuán veraz es. La revolución de Internet fue poner un mundo de conocimiento a un fácil acceso. Estar consciente que desde tu profesión o experiencia de vida puedes aportar algo real a esta red de información es el lineamiento para seguir esta regla.

N°7 Ayuda a mantener las Flame Warsbajo control 

Los Flame Warsson series de discusiones en internet entre dos o más usuarios de tono insultante y poco constructivo (¿quién no ha leído los comentarios de Emol?). Estas peleas se producen por dos razones:

-No se pueden transmitir entonaciones ni expresiones faciales por lo que eso, sumado a una comunicación que no es totalmente simultánea, genera malos entendidos

-Muchas de estas peleas se producen porque los individuos no tienen el mismo marco teórico. Entonces creen que están discutiendo sobre el mismo concepto, cuando ambos lo entienden de una forma distinta.

Estas discusiones son normalmente generadas o potenciadas por los trollsde internet. En resumen: no seas uno de ellos.

N°8 Respeta la privacidad de las personas. 

Esta regla apunta a usuarios respetando a otros usuarios, como también a empresas respetando la información privada que como usuario les hemos dado. Si no, pregúntenle a Mark Zuckerberg

N°9 No abuses de tu poder. 

Si bien esta regla apunta a las empresas que pueden conocer información sensible de un usuario propensa a causar daño al honor, es también aplicable a los famosos influencersque, considerando la cantidad de seguidores que tienen, cargan también con la responsabilidad  de ser fidedignos en la información que comparten y el poder de acción que esto les da. Si cinco mil personas te prestan su atención día a día, no querrías darles un consejo engañoso o decirles algo de lo que te podrás arrepentir.

N°10 Perdona los errores de los otros usuarios.

Perdonar y olvidar solo se puede dar poniéndonos en los zapatos del otro. La comunicación digital ocurre a través de máquinas y algoritmos, pero solo los seres humanos sabemos perdonar y tener compasión. Tú también te equivocas, también tuviste un mal día, también tienes rabia por otras cosas, ¿por qué no podría pasarle eso a la persona cuyo tweette enfurece?

*Este artículo fue basado en el libro  ‘Google: derecho al olvido y desafíos éticos en el escenario mediático digital’ de María José Labrador y Edward Carter. Entérate más sobre esta temática aquí.

¿Se puede volver a empezar en la realidad digital?

¿Se puede volver a empezar en la realidad digital?

¿SE PUEDE VOLVER A EMPEZAR EN LA REALIDAD DIGITAL?

El derecho al olvido es un concepto que nació para proteger la privacidad en el mar de datos de Internet. Apunta a que todos tenemos la facultad, ante condena cumplida, de partir de cero y no ser estigmatizados por actos pasados. El problema reside en que la naturaleza misma de la red y la libertad con la que la información circula por ella dificultan la garantía de este derecho. 

En el año 2007, estudiantes de secundaria de una escuela de La Reina grabaron un video de connotación sexual, que pasaría a ser recordado en la memoria colectiva como“Wena Naty”.  En este video no hay más delito que el del alumno que lo subió a Internet y de quienes lo compartieron. Sin embargo, el estigma de su aparición persigue hasta el día de hoy a la estudiante filmada, que terminó siendo protagonista involuntaria de un video de pornografía infantil. El impacto psicológico y la presión social que ha recaído sobre ella la tuvo a punto de cambiarse legalmente el nombre, como última instancia de renunciar a una identidad mancillada por el actuar de terceros. La Brigada del Cibercrimen intervino y declaró que la difusión del material constituye un delito, mas esto no impidió que el video alcanzara rápidamente más cien mil vistas, y que, a más de una década del que fuera considerado uno de los primeros virales chilenos, sus réplicas e imitaciones suman decenas de millones de reproducciones en distintas plataformas, cada una de ellas haciendo más y más eco en una instancia en que la víctima solo precisa silencio.

En Europa, un caso menos dramático revolucionó el derecho al olvido. Una búsqueda en Google de “Costeja González”  devolvía dos artículos del diario La Vanguardia en los que se mostraba una subasta de inmuebles por deudas a Seguridad Social. La Agencia Española de Protección de Datos consideró que Google era responsable de sacar esa información, que perjudicaba a una persona que ya había saldado sus deudas.  En contra de esto se arguyó que el buscador de Google es esencial para ejercer el derecho fundamental a la información, y que no debían ni censurarse ni suavizar sus contenidos.  Además de que, si bien el buscador trata datos de la web, no es responsable del contenido que se publica.

Ante esto, el catedrático de derecho constitucional de la Univesitat de Valencia, Lorenzo Cotino Hueso esgrime que la garantía institucional reconocida clásicamente a los medios de comunicación social ya no solo debe atribuirse a estos, sino que también debe reconocerse especialmente a determinados prestadores de servicios de la sociedad de la información. Qué duda cabe que Google, YouTube o Wikipedia son elementos esenciales para el acceso a la información en la actualidad. Tan fundamentales son estas plataformas en la experiencia que un usuario promedio tiene de la Internet que sus responsabilidades parecen ineludibles.

La ONU considera que la libertad de expresión se aplica a Internet de la misma forma que a todos los medios de comunicación y que restringirlo solo es aceptable cuando este prevista por ley y persiga una finalidad legítima reconocida por el derecho internacional.

El Efecto Streisand

En el caso de Costeja, Google no eliminó el resultado del índice, pero sí lo escondió para que cuando alguien buscara por el nombre completo de la persona afectada, no apareciera.  Pero al cambiar las palabras clave de la búsqueda, sí podría aparecer. De todas formas este fallo dictado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea convirtió a Mario Costeja en una celebridad en línea, provocando el llamado Efecto Streisand al pedir que Google borrara de su base de datos la url de esa nota de La Vanguardia.

El Efecto Streisand es el fenómeno de Internet en que un intento de censura o de esconder información se difunde, recibiendo más notoriedad de la que habría recibido si no se hubiera intentado acallar. El término debe su origen a la actriz Barbra Streisend, que en 2003 denunció al fotógrafo Kenneth Adelman y a la página de fotografías pictopia.com por la publicación de un imagen aérea de su casa, alegando su derecho a privacidad. El fotógrafo contestó que solo estaba mostrando la erosión de la costa de California. Con la denuncia Streisand consiguió que la imagen se difundiera aún más y tuviera mucho más impacto mediático que el que hubiera tenido la publicación original.

Del mismo modo, después de la declaración del Tribunal hoy es posible encontrar más de 7 mil resultados sobre el caso Costeja. Porque si se borra de un servidor, no implica que las personas puedan subir copias a distintos servidores para generar más vías de entrada a esa información.

La web 3.0 

Hoy no existe un proceso legislativo que garantice un volver a empezar en la realidad digital y que tenga sensibilidad con los casos mediáticos y el efecto Streisand. En una web 3.0 en que existen diferentes servidores, donde replicar una información es tremendamente fácil y el caché también puede ayudar a preservarla, borrar una huella digital es muy difícil.

Una alternativa puede ser la tecnología TMP (Trusted Platform Module), conocida también como Fritz Chip. Este es un chip, creado originalmente para prevenir la piratería, que está en todos los computadores y en la mayoría de los smartphones y tablets, y que permite acceder a ellos de manera remota y así bloquear un contenido o archivo. Ahora bien, aunque esto pudiera ser la solución para regularizar el derecho al olvido, implanta otra serie de discusiones éticas; pues al acceder a un dispositivo electrónico personal de alguien y borrar sus archivos se quebrantan una serie de barreras de privacidad, las que además podrían dar manga ancha a un nuevo tipo de censura virtual, amplia, sofisticada y compleja, como el lado oscuro de la útopica democracia virtual.

Una alternativa posible es programar la información de cada página para excluir de las búsquedas la información que se quiere eliminar. Así, los datos que cada página entrega al buscador no se incorporarían a los índices de este y no aparecerían en búsqueda. Es una solución simple, aunque implica que los tribunales le den autorización a los webmasters para implementarla, y el conocimiento técnico sobre el tema aun es limitado. Además, los buscadores ya generan copias de todos los contenidos que han incorporado a sus índices de búsqueda, lo que obliga a realizar la borradura de más procesos y copias, y que no garantiza que, en un caso como el de Naty, otros medios o usuarios no suban copias del contenido, haciendo que este vuelva a aparecer en buscadores.

La interrogante es tan compleja como las tecnologías involucradas y, mientras se mantenga sin resoluciones ni regulaciones claras, llama a estar especialmente atentos con la conducta personal en línea y con la responsabilidad de los medios que publican información en la red, pues la divulgación pública de un contenido privado puede terminar haciendo eco por años o incluso décadas.

*Este artículo fue basado en el libro ‘Google: derecho al olvido y desafíos éticos en el escenario mediático digital’ de María José Labrador y Edward Carter. Entérate más sobre esta temática aquí.

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