Manuel Rodríguez, el insurgente

Manuel Rodríguez, el insurgente

MANUEL RODRÍGUEZ, EL INSURGENTE

A doscientos años de su muerte, el historiador Ernesto Guajardo nos invita a replantear la imagen del padre de la Patria que desde la academia ha inundando la percepción popular, con miras a rescatarlo del mito y la leyenda para proyectarlo en la historia.

Si existe un personaje en la historia nacional que ha sido difícil de definir es Manuel Rodríguez. Desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, las maneras de nombrarlo han sido variadas: guerrillerorebelde, caudillo popular, patriotahúsar, mártir, y esto solo si consideramos los títulos de los libros que se han publicado sobre él. Esta dificultad en fijar su silueta en una sola palabra dice mucho sobre las maneras en que se comprende su participación en el proceso independentista chileno.

En efecto, preguntarse quiénes Manuel Rodríguez en la historia de Chile es interrogarse sobre quées lo que hizo en ella. El relato decimonónico instaló la imagen romántica y épica de un Rodríguez guerrillero a partir de la cual se fue desarrollando una tradición discursiva sobre su figura que lo redujo a dicha fórmula, en desmedro de sus cualidades intelectuales, su visión sobre los diversos sectores sociales o bien sus nociones sobre la manera de organizar la naciente república. Solo hacia finales del siglo XX e inicios del XXI surgirán algunas interpretaciones que buscarán comprender a Manuel Rodríguez en una perspectiva de proceso histórico, y definirlo como un precursor de la democracia y la libertad. Sin embargo, estas maneras de analizarlo no han sido las mayoritarias, dando como resultado que el relato predominante que existe sobre él hasta nuestros días siga siendo aquel que se construyó hacia finales del siglo XIX.

Ahora, a 200 años de su asesinato, es posible revisar de manera crítica todo lo que se ha escrito sobre su vida y lo primero que se advierte es la ausencia del riesgo: salvo muy contados casos, no se proponen tesis para abordar su estudio; lo que se realiza es la reescritura de los relatos que se encuentran en fuentes que a estas alturas ya son clásicas. Estas variaciones sobre el mismo tema no aportan nuevos antecedentes, y con ello no ofrecen novedad sobre las antiguas incertidumbres, apelando a lo confuso de los hechos, a lo enigmáticode los acontecimientos.

Siendo este el estado del arte, problematizar parece ser una buena palabra para la articulación de esta interrogante. ¿Fue Manuel Rodríguez un guerrillero?

Retrato de Manuel Cavallo Ortiz

En nuestro imaginario colectivo, la figura de Manuel Rodríguez suele estar asociada a dos momentos de su biografía: como Húsar de la Muerte y como guerrillero. La más clara síntesis de esto la representa el cuadro de Manuel Carvallo Ortiz, que propone esencialmente, incluso a través de diversas variaciones en su reproduccion, la siguiente imagen: el oficial Rodríguez lleva sobre su hombro izquierdo una manta huasa. Es una representación que sugiere la integración entre la formalidad de la institucionalidad militar y la civilidad organizada, de manera irregular, en forma de montonera.

Preguntarse si Manuel Rodríguez fue un guerrillero implica también cuestionarse si existió guerra de guerrillas en Chile, en el periodo que va de 1815 a 1817 e, incluso, también permite indagar si la resistencia patriota fue protagonizada principalmente por el campesinado. Varios historiadores, incluso de diverso signo ideológico, han sostenido que en Chile, durante el periodo de la Reconquista, se realizó una guerra de guerrillas, o bien que existió actividad de guerrillas patriotas. Sin embargo, no existen mayores indagaciones documentales al respecto, de hecho, muchas veces ni siquiera se define el concepto de guerrilla que se utilizaba en la época, para así poder corroborar si el uso del concepto era pertinente o no para definir la actividad de las montoneras patriotas en dicho periodo.

A nuestro juicio no existió guerra de guerrillas durante la Reconquista en Chile, mas no  tanto por una razón cuantitativa, como algunos historiadores han sostenido. Las acciones de los insurgentes y los montoneros, en efecto, no fueron numerosas: las que suelen mencionarse, como expresiones de esta táctica son el asalto y toma de Melipilla y San Fernando y el asalto de Curicó. Solo un historiador menciona un asalto a un correo español, como una acción realizada en este contexto y algunos autores se refieren al combate de Huemul, para destacar el enfrentamiento en el cual muere Francisco Villota. En el caso de la zona de Aconcagua, existen ciertas referencias a la existencia de una montonera dirigida por Santiago Bueras, sin embargo, no hemos encontrado ninguna referencia documentada a alguna acción realizada por ella, en el caso de que efectivamente hubiese existido. Pero el problema no es la cantidad de acciones, sino el por qué y para qué se realizaban estas.

Para responder a la pregunta planteada, es necesario cruzar la cordillera, porque la respuesta está en Mendoza y se encuentra en el plan, nunca escrito, de liberación de Chile, diseñado por el general argentino José de San Martín. Dicho plan, en términos generales, implicaba la liberación de Chile del dominio realista, a fines de poder ocupar este país como base de operaciones para atacar el Virreinato del Perú y consolidar así en América del Sur el proceso independentista. Para lograr esto, San Martín diseñó, desarrolló y ejecutó lo que sería conocido como la guerra de zapa, una táctica que implicaría el uso de la información, la contrainformación, y también las montoneras. Guerra de zapa, entonces, y no guerra de guerrillas es lo que se vivió en nuestro país entre 1815 y 1817. Una de sus características fue bien identificada por un historiador argentino: la guerra de zapa fue llevada adelante por un ejército civil, no solo porque efectivamente muchos civiles se incorporaron a ella, sino además porque quienes habían vestido el uniforme patriota solo podían integrarse en esta ocultándose en una identidad civil.

La guerra de zapa tuvo dos modalidades de desarrollo: el servicio de informaciones y las montoneras. Sobre estas últimas conocemos más: ahí están los sucesivos relatos del asalto y toma de Melipilla, o de la creatividad utilizada al momento de asaltar y ocupar San Fernando, e incluso, el amargo relato del fracaso que significó el intento de toma de Curicó. La épica de las acciones armadas permite que sus descripciones perduren en el tiempo, casi sin perder la tensión narrativa de su primera lectura.

Por otro lado, sobre el servicio de informaciones sabemos muy poco, y ese escaso conocimiento no siempre es completo o correcto. Sin embargo, es en las acciones de este servicio en donde se expresó con mayor claridad la existencia de ese ejército civil. Hombres y mujeres, de diversas clases sociales, con distintas profesiones u oficios, en variados lugares del territorio nacional cumplieron una labor anónima, tan discreta como riesgosa: informar adecuadamente a los patriotas y desinformar eficientemente a los realistas.

Ambas modalidades de resistencia patriota conformaron la guerra de zapa, y esto es muy significativo porque evidencia algo que parece obvio, pero que es necesario explicitar: Manuel Rodríguez no fue el único que combatió contra el dominio realista al interior del país. Es la figura más conocida, la más popular, incluso ya en esa época, pero ello no puede hacernos olvidar que fueron decenas, sino centenares de voluntades las que concurrieron en esos años, para colaborar con los planes de San Martín, en pos de lograr la Independencia.

Creemos que para comprender de mejor manera los significados históricos de la actuación de Manuel Rodríguez en el periodo de la Reconquista, es necesario estudiar en profundidad el contexto de su accionar y, particularmente, a los patriotas que acompañaron dicho esfuerzo. La figura de Rodríguez es inmensamente popular, pero poco sabemos de los otros hombres y mujeres que participaron de manera activa en la guerra de zapa. Hemos podido identificar casi cien nombres, y tenemos la certeza de que no son todos. ¿Qué tanto sabemos, por ejemplo, de María Silva, Ramón Picarte, o del cacique Basilio Vilu?

Mencionamos antes las dificultades para definir la figura de Manuel Rodríguez. Sin ánimos de zanjar aquí dicha situación, creemos que, al menos en relación con el periodo que va de 1815 a 1817, el mejor calificativo es el de insurgente.

En primer lugar, porque es esa la definición que le daban los realistas a los patriotas en la época y es, por tanto, del todo pertinente su uso al momento de reescribir la participación de Rodríguez en el periodo de la Reconquista. En segundo lugar, porque al descartar el concepto de guerrillero como un término adecuado para definirlo, también es necesario distinguirlo de montonero, una definición que no necesariamente es equivalente a la condición de patriota o insurgente.

El insurgente Manuel Rodríguez es el personaje histórico que representa de mejor manera la resistencia patriota a los realistas durante el periodo de la Independencia, pero la simpatía que despierta el personaje no debe llevarnos a descuidar el estudio riguroso y documentado de su vida y obra. En este aniversario de su asesinato, un buen homenaje sería rescatarlo del mito y proyectarlo desde la historia.

 

Ernesto Guajardo es historiador y bibliotecólogo. Es el autor de libros como Valparaíso: la memoria dispersa y Manuel Rodríguez:historia y leyenda. Encuéntralos acá

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Fiesta de Muñecas

Fiesta de Muñecas

FIESTA DE MUÑECAS

Una de las leyendas que definen a Valparaíso es la de doña Rosario y sus muñecas. El historador Víctor Rojas, narra este terrorífico mito después de un trabajo reseñando creencias y personajes populares de la ciudad porteña.

La casita es café y todavía puede verse en el Camino Cintura, hacia Perdices. Cuando hace años (hastiados del mal olor) los vecinos forzaron la puerta, descubrieron cuál era la misteriosa familia de la anciana que veían muerta en el sillón. Desde los dientes blancos y los cabellos negros hasta los cabellos blancos y los dientes negros, doña Rosario había sido una vecina demasiado amable: conversaba con cuantos avistaba en la calle, preguntándoles cosas sin importancia… y sus oyentes terminaban por dejarla, inventando apuros y compromisos urgentes.

Se rumoreaba, bromeando, que era algo bruja: tenía decenas de gatos y prefería no utilizar luz eléctrica, sino velas. De cuando en vez (si los niños no se tomaban la sopa) las mamás los amenazaban con llevarlos donde la vieja Charo: ellos, entonces, se acostumbraron a temer y odiar a esa señora decrépita, algo sucia, que insistía en ofrecerles dulces.

Un sábado doña Rosario compró alimentos para la semana y, comentando al almacenero que iba a recibir a unas familiares, unas hijas, se retiró a su hogar. No se le vio salir en varios días, aunque en el interior de su casita se escucharon voces de niñas junto al maullido de los gatos.

El viernes siguiente pidió fiado para el mes, explicando que debía atender a los suyos y no podía conversar más porque tenía apuro.  Esa noche hubo risas, rondas y bullicio como nunca en su hogar. Al contrario, los días siguientes fueron silenciosos. Fue a la semana que alguien percibió un olor desagradable, y días después (liderados por el almacenero) los vecinos forzaron la puerta y hallaron a la anciana, putrefacta en un sillón. A su lado, en sillas o sobre la mesa en que se advertían restos del último banquete, varias muñecas antiguas (con trozos de torta en la boca) miraban a los invasores de su paz. Si fue por demencia o por magia que esas muñecas vivieron, rieron alegres y acompañaron los últimos momentos de doña Rosario, si fue una fiesta de terror o de alegría, si alegraron a la anciana o la mataron, únicamente los gatos podrían contarlo. Pero, en los maullidos que aún se oyen en Camino Cintura, hacia Perdices, no es posible leer una respuesta.

*Este artículo fue sacado del libro ‘Valparaíso, el mito y sus leyendas’ de Víctor Rojas Farías. Entérate de más mitos y leyendas de Valparaíso aquí

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La Maratón de los So and So

La Maratón de los So and So

LA MARATÓN DE LOS SO AND SO

Fieles al espíritu del rock ‘n’ roll, un grupo de jóvenes de Concepción se propuso romper con un récord mundial. Lo hicieron por una causa noble y también por el puro entusiasmo de la música. 

En octubre de 1967 la banda santiaguina Los Jockers tocó 53 horas seguidas en el subterráneo de una casa de discos ubicada en calle Ahumada al llegar a Huérfanos, rompiendo el record de horas consecutivas tocando, superando la marca previa del grupo holandés The Astrenauts.

Cuando la noticia llegó a Concepción, un grupo penquista se decidió a superarlos.

«Todo partió en una esquina conversando, después que todos nos habíamos enterado», señaló Javier Hinojosa, director y primera guitarra de So and So, el grupo que además componían el vocalista Efraín Maldonado; Miguel Guajardo, segunda guitarra y voz; Sergio Muñoz, bajista; Albéniz Vargas, batería, y Fernando Leiva, teclado.

Podía parecer un ardid promocional, pero la verdad es que  ya la banda se había formado para recaudar fondos para la Ciudad del Niño Ricardo Espinosa y la idea de batir el record seguiría la línea de las intenciones solidarias.

Dentro de la misma Ciudad del Niño había un grupo de muchachos que querían formar una banda, pero no tenían instrumentos, por lo que los So and So decidieron “tocar hasta que llegara la batería” – por antonomoasia lo más caro del rock –, además de reunir fondos para un par de salas.

Así de determinados y motivados, dejaron la fecha y el lugar sacramentado: sería el viernes 27 de octubre de 1967 pasada la medianoche, en los estudios de Radio Araucanía.

En Radio Araucanía, Javier Hinojosa (teclado), Juan Vargas (maracas), Omar Yáñez (bajo) y Sergio Muñoz (guitarra) en la jornada del récord.

«Fue una locura de cabros, ninguno dimensionó lo que significaba estar dos noches sin dormir. Lo vimos como… no sabría decirte, una choreza, pero como nos habíamos enterado de los grupos previos que habían hecho un récord pensamos que no debía ser tan complicado y por eso nos tiramos», señaló Sergio Muñoz.

El reloj iba avanzando y la gente iba llegando hasta el estudio y sus alrededores para animar al grupo. Todos querían ser testigos del momento y la radio se encargó de transmitirlo maratónicamente, sin interrupciones. Algunos subían hasta el tercer piso para mirar al grupo tocar. Dejaban dinero o alimentos en pos de Ciudad del Niño y bajaban por la otra escalera. Tanta fue la gente que llegó que Carabineros decidió suspender el tránsito por Barros Arana.

Los miembros se iban rotando para que uno de ellos pudiera salir a comer (en realidad a tomarse una Coca-Cola o un café) o ir al baño, pero nadie logró dormir. Un doctor hizo su aporte a la causa, evaluando rutinariamente los signos vitales de los músicos.

El lunes 30 de octubre a las 9:30 terminó el larguísimo concierto marcando 57 horas y 30 minutos, adueñándose del nuevo record mundial y consiguiendo una batería para la Ciudad del Niño Ricardo Espinosa. Y si bien descubieron a posteriori que, por ser ellos mismos menores de edad, el record no podía inscribirse en el Libro de Guiness, el acontecimiento se conoció en todo el país y The So and So salieron de gira al llegarles, en sus palabras, “ene pega”.

*Esta y más historias fundacionales de la música nacional le dan forma a ´ConcEnOff: Relatos de Rock Penquista´ de Ricardo Cárcamo y Ángel Rogel. Encuéntralo aquí.

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Fresia: breve historia de una gigante

Fresia: breve historia de una gigante

FRESIA: BREVE HISTORIA DE UNA GIGANTE

Los niños de los 80 la tenían como un símbolo del Parque Metropolitano, logrando dejar una huella en la memoria de los adultos de hoy.

Pocos animales han conseguido capturar la atención y formar parte del inconsciente colectivo santiaguino y nacional como Fresia, el elefante indio nacido en Río de Janeiro que a poco de tiempo de vida fue traía al Parque Metropolitano de Santiago. Corría la década de los 40 y rápidamente Fresia se volvió una celebridad entre chicos y grandes, admirados de sus 4 metros de altura y 5 toneladas de peso.

Su personalidad fue aflorando en recordadas travesuras, como la vez que sustrajo con su larga trompa una chaqueta de mezclilla a un visitante que estaba apoyado en una zona delimitada. Al ver la pobre Fresia que no era comida, la rasgó y se la regresó a su dueño indignada. En otra ocasión le dio un merecido coscorrón a una chiquilla que la trató de engañar varias veces mostrándole el puño cerrado, haciendo como si tuviera comida, para después mostrarle la mano vacía.

Lamentablemente muchos de sus visitantes ponían en peligro su vida al darle sustancias peligrosas para que ingiriera. Hasta tuvo que ser intervenida quirúrgicamente para extraer una barra metálica de sus fosas nasales que fue puesta por algún malintencionado.

Más allá de estos episodios, Fresia fue uno de los símbolos citadinos más admirados por los niños de los 80. En cada uno de sus cumpleaños era visitaba especialmente por cientos de chicos y chicas que llenaban el zoológico con sus gritos celebratorios; y los veterinarios le preparaban un pastel especialmente para ella. El evento era reporteado año tras año en los noticieros locales.

Fue durante esa época cuando Fresia, ya entrada en su cuarta década, empezó a decaer debido a un problema en sus articulaciones que le generaron una infección reumatoidea.

 En el otoño de 1991 a sus 54 años su condición empeoró hasta quedar prostrada. Le trajeron una grúa especial para poder mover su enorme cuerpo cada cierta cantidad de horas para que no aplastara sus órganos.

Ni bien corrió la noticia de que la querida Fresia estaba ya en las postrimerías de su vida, gente de todo Chile peregrinó hasta el Parque Metropolitano de Santiago para rendirle honores: niños le llevaban regalos y dibujos con la esperanza que se mejorara mientras sus padres trataban de esconder el pronóstico inevitable de la gigante.

Fue un viernes 17 de mayo de 1991 el día en que murió Fresia, la mítica elefanta del zoológico de la capital, a causa de un edema producido por su propio peso. 36 horas duró su sufrido y concurrido funeral  dirigido por un sacerdote de la orden de San Francisco de Asís. De todo los rincones de Chile llegaron visitas, flores, dibujos y mensajes de cariño, los que llenaron su refugio en un sentido último adiós.

Sus restos sufrieron un largo periplo en el afán de conservarlos. Primero se intentó embalsamarlo, mas el fracaso de la empresa terminó con su cuerpo enterrado en el bosque del Parque Metropolitano. Su cabeza se mantuvo congelada en el Mercado de Lo Valledor, para después ser disecada y trasladada al Museo Nacional de Historia Natural de la Quinta Normal. Las reacciones adversas del público hicieron que finalmente las autoridades optaran por enterrar su cabeza junto al resto de su cuerpo, dándole por fin un pacífico descanso.

Por esos días, en algunas comunas de la capital espontáneamente surgieron rayados en las paredes que proclamaban, libre y desinteresadamente, para quien posase su vista en ellos que “Fresia vive, la lucha sigue”.

*Este artículo fue basado en el libro  ‘Crónicas de un Santiago Oculto’ de Criss Salazar. Entérate más sobre historias desconocidas de Santiago aquí.

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Netiquette: 10 reglas sobre cómo comportarse en internet

Netiquette: 10 reglas sobre cómo comportarse en internet

NETIQUETTE: 10 REGLAS SOBRE CÓMO COMPORTARSE EN INTERNET

Internet supone que todos podemos tener voces que opinan y discuten sobre cualquier tema. Esta libertad, que en el papel promete un nuevo nuevo tipo de democracia, no ha estado excenta de complicaciones y víctimas: noticias falsas que dañaron reputaciones, uso de memes para bromear sobre casos particulares e incluso la imposibilidad de volver a comenzar después de haber cometido un error.

En 1994, la académica Virginia Shea propuso un conjunto de lineamientos para hacer valer los derechos fundamentales en la web. Hoy, en tiempos en que la vida digital está aún más imbricada en lo cotidiano, estos principios parecen más relevantes que nunca, ¿has incumplido alguno?

N°1: Recuerda que al otro lado de la pantalla hay un ser humano. 

A pesar de que no estás teniendo una conversación presencial o quizás la broma que publicaste sobre alguien iba solo en un perfil de Facebook que no puede sentir ni expresarse por sí solo, ese avatar representa a un humano con derechos fundamentales, cuya vida realpuede verse afectada por lo que se diga en su vida virtual.

N°2: Los mismos estándares que usas para relacionarte con alguien en persona debieras ocuparlos en la web.

Esto es básicamente ser ético y respetar la ley. Si estás en una fiesta y escuchas a alguien afirmar una estupidez, ¿cómo te acercarías para corregirlo? Probablemente sería una aproximación menos agresiva de la que podrías llegar si tienes todo el tiempo y estás parapetado tras tu celular.

N°3 Sé consciente de dónde estás publicando contenido. 

Internet almacena información. Todos tenemos una huella digital. Tenemos que estar conscientes que tanto la información que publicamos sobre los demás, como de nosotros mismos deja huella en todos lados. Huella que en el futuro puede complicarnos, aun cuando creamos que todo es cosa pasada. Un gran comercial de la agencia creativa Duval Guillaume

N°4 Respeta el tiempo y los datos de internet de las otras personas.

Adopta una conducta responsable y consciente sobre la importancia de los contenidos que se publican. No todo lo que publicas es importante para quien lo va a recibir. Sí, les hablamos a uds: a los que publican Instagram Stories de sus pies caminando sin ningún contexto o suben doce selfies sacando la lengua por día.

N°5 Muestra tu mejor lado. 

Esta debe ser la regla más cumplida. Obviamente la mayoría muestra su lado favorito: sea en una foto o en el alarde de sus éxitos profesionales. El sentido de esta regla es no dejar que un momento de vulnerabilidad te haga, por ejemplo, publicar un estado depresivo en Facebook sobre lo terrible que es el amor y del cual es posible que te arrepientas. O en un intercambio de argumentos en un foro, dejar que la rabia te consuma y dejar pasar faltas de ortografía en tu respuesta. O estar borracha en una fiesta y decirle a esa amiga que suba no más tu Instagram Storie bailando penosamente. Ejemplos hay miles, pero se reduce a tener cuidado con “cómo quedas parado” al publicar algo online.

N°6 Comparte conocimiento experto. 

Al comunicar algo, lo importante es evaluar cuán veraz es. La revolución de Internet fue poner un mundo de conocimiento a un fácil acceso. Estar consciente que desde tu profesión o experiencia de vida puedes aportar algo real a esta red de información es el lineamiento para seguir esta regla.

N°7 Ayuda a mantener las Flame Warsbajo control 

Los Flame Warsson series de discusiones en internet entre dos o más usuarios de tono insultante y poco constructivo (¿quién no ha leído los comentarios de Emol?). Estas peleas se producen por dos razones:

-No se pueden transmitir entonaciones ni expresiones faciales por lo que eso, sumado a una comunicación que no es totalmente simultánea, genera malos entendidos

-Muchas de estas peleas se producen porque los individuos no tienen el mismo marco teórico. Entonces creen que están discutiendo sobre el mismo concepto, cuando ambos lo entienden de una forma distinta.

Estas discusiones son normalmente generadas o potenciadas por los trollsde internet. En resumen: no seas uno de ellos.

N°8 Respeta la privacidad de las personas. 

Esta regla apunta a usuarios respetando a otros usuarios, como también a empresas respetando la información privada que como usuario les hemos dado. Si no, pregúntenle a Mark Zuckerberg

N°9 No abuses de tu poder. 

Si bien esta regla apunta a las empresas que pueden conocer información sensible de un usuario propensa a causar daño al honor, es también aplicable a los famosos influencersque, considerando la cantidad de seguidores que tienen, cargan también con la responsabilidad  de ser fidedignos en la información que comparten y el poder de acción que esto les da. Si cinco mil personas te prestan su atención día a día, no querrías darles un consejo engañoso o decirles algo de lo que te podrás arrepentir.

N°10 Perdona los errores de los otros usuarios.

Perdonar y olvidar solo se puede dar poniéndonos en los zapatos del otro. La comunicación digital ocurre a través de máquinas y algoritmos, pero solo los seres humanos sabemos perdonar y tener compasión. Tú también te equivocas, también tuviste un mal día, también tienes rabia por otras cosas, ¿por qué no podría pasarle eso a la persona cuyo tweette enfurece?

*Este artículo fue basado en el libro  ‘Google: derecho al olvido y desafíos éticos en el escenario mediático digital’ de María José Labrador y Edward Carter. Entérate más sobre esta temática aquí.

¿Se puede volver a empezar en la realidad digital?

¿Se puede volver a empezar en la realidad digital?

¿SE PUEDE VOLVER A EMPEZAR EN LA REALIDAD DIGITAL?

El derecho al olvido es un concepto que nació para proteger la privacidad en el mar de datos de Internet. Apunta a que todos tenemos la facultad, ante condena cumplida, de partir de cero y no ser estigmatizados por actos pasados. El problema reside en que la naturaleza misma de la red y la libertad con la que la información circula por ella dificultan la garantía de este derecho. 

En el año 2007, estudiantes de secundaria de una escuela de La Reina grabaron un video de connotación sexual, que pasaría a ser recordado en la memoria colectiva como“Wena Naty”.  En este video no hay más delito que el del alumno que lo subió a Internet y de quienes lo compartieron. Sin embargo, el estigma de su aparición persigue hasta el día de hoy a la estudiante filmada, que terminó siendo protagonista involuntaria de un video de pornografía infantil. El impacto psicológico y la presión social que ha recaído sobre ella la tuvo a punto de cambiarse legalmente el nombre, como última instancia de renunciar a una identidad mancillada por el actuar de terceros. La Brigada del Cibercrimen intervino y declaró que la difusión del material constituye un delito, mas esto no impidió que el video alcanzara rápidamente más cien mil vistas, y que, a más de una década del que fuera considerado uno de los primeros virales chilenos, sus réplicas e imitaciones suman decenas de millones de reproducciones en distintas plataformas, cada una de ellas haciendo más y más eco en una instancia en que la víctima solo precisa silencio.

En Europa, un caso menos dramático revolucionó el derecho al olvido. Una búsqueda en Google de “Costeja González”  devolvía dos artículos del diario La Vanguardia en los que se mostraba una subasta de inmuebles por deudas a Seguridad Social. La Agencia Española de Protección de Datos consideró que Google era responsable de sacar esa información, que perjudicaba a una persona que ya había saldado sus deudas.  En contra de esto se arguyó que el buscador de Google es esencial para ejercer el derecho fundamental a la información, y que no debían ni censurarse ni suavizar sus contenidos.  Además de que, si bien el buscador trata datos de la web, no es responsable del contenido que se publica.

Ante esto, el catedrático de derecho constitucional de la Univesitat de Valencia, Lorenzo Cotino Hueso esgrime que la garantía institucional reconocida clásicamente a los medios de comunicación social ya no solo debe atribuirse a estos, sino que también debe reconocerse especialmente a determinados prestadores de servicios de la sociedad de la información. Qué duda cabe que Google, YouTube o Wikipedia son elementos esenciales para el acceso a la información en la actualidad. Tan fundamentales son estas plataformas en la experiencia que un usuario promedio tiene de la Internet que sus responsabilidades parecen ineludibles.

La ONU considera que la libertad de expresión se aplica a Internet de la misma forma que a todos los medios de comunicación y que restringirlo solo es aceptable cuando este prevista por ley y persiga una finalidad legítima reconocida por el derecho internacional.

El Efecto Streisand

En el caso de Costeja, Google no eliminó el resultado del índice, pero sí lo escondió para que cuando alguien buscara por el nombre completo de la persona afectada, no apareciera.  Pero al cambiar las palabras clave de la búsqueda, sí podría aparecer. De todas formas este fallo dictado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea convirtió a Mario Costeja en una celebridad en línea, provocando el llamado Efecto Streisand al pedir que Google borrara de su base de datos la url de esa nota de La Vanguardia.

El Efecto Streisand es el fenómeno de Internet en que un intento de censura o de esconder información se difunde, recibiendo más notoriedad de la que habría recibido si no se hubiera intentado acallar. El término debe su origen a la actriz Barbra Streisend, que en 2003 denunció al fotógrafo Kenneth Adelman y a la página de fotografías pictopia.com por la publicación de un imagen aérea de su casa, alegando su derecho a privacidad. El fotógrafo contestó que solo estaba mostrando la erosión de la costa de California. Con la denuncia Streisand consiguió que la imagen se difundiera aún más y tuviera mucho más impacto mediático que el que hubiera tenido la publicación original.

Del mismo modo, después de la declaración del Tribunal hoy es posible encontrar más de 7 mil resultados sobre el caso Costeja. Porque si se borra de un servidor, no implica que las personas puedan subir copias a distintos servidores para generar más vías de entrada a esa información.

La web 3.0 

Hoy no existe un proceso legislativo que garantice un volver a empezar en la realidad digital y que tenga sensibilidad con los casos mediáticos y el efecto Streisand. En una web 3.0 en que existen diferentes servidores, donde replicar una información es tremendamente fácil y el caché también puede ayudar a preservarla, borrar una huella digital es muy difícil.

Una alternativa puede ser la tecnología TMP (Trusted Platform Module), conocida también como Fritz Chip. Este es un chip, creado originalmente para prevenir la piratería, que está en todos los computadores y en la mayoría de los smartphones y tablets, y que permite acceder a ellos de manera remota y así bloquear un contenido o archivo. Ahora bien, aunque esto pudiera ser la solución para regularizar el derecho al olvido, implanta otra serie de discusiones éticas; pues al acceder a un dispositivo electrónico personal de alguien y borrar sus archivos se quebrantan una serie de barreras de privacidad, las que además podrían dar manga ancha a un nuevo tipo de censura virtual, amplia, sofisticada y compleja, como el lado oscuro de la útopica democracia virtual.

Una alternativa posible es programar la información de cada página para excluir de las búsquedas la información que se quiere eliminar. Así, los datos que cada página entrega al buscador no se incorporarían a los índices de este y no aparecerían en búsqueda. Es una solución simple, aunque implica que los tribunales le den autorización a los webmasters para implementarla, y el conocimiento técnico sobre el tema aun es limitado. Además, los buscadores ya generan copias de todos los contenidos que han incorporado a sus índices de búsqueda, lo que obliga a realizar la borradura de más procesos y copias, y que no garantiza que, en un caso como el de Naty, otros medios o usuarios no suban copias del contenido, haciendo que este vuelva a aparecer en buscadores.

La interrogante es tan compleja como las tecnologías involucradas y, mientras se mantenga sin resoluciones ni regulaciones claras, llama a estar especialmente atentos con la conducta personal en línea y con la responsabilidad de los medios que publican información en la red, pues la divulgación pública de un contenido privado puede terminar haciendo eco por años o incluso décadas.

*Este artículo fue basado en el libro ‘Google: derecho al olvido y desafíos éticos en el escenario mediático digital’ de María José Labrador y Edward Carter. Entérate más sobre esta temática aquí.

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