FRESIA: BREVE HISTORIA DE UNA GIGANTE

Los niños de los 80 la tenían como un símbolo del Parque Metropolitano, logrando dejar una huella en la memoria de los adultos de hoy.

Pocos animales han conseguido capturar la atención y formar parte del inconsciente colectivo santiaguino y nacional como Fresia, el elefante indio nacido en Río de Janeiro que a poco de tiempo de vida fue traía al Parque Metropolitano de Santiago. Corría la década de los 40 y rápidamente Fresia se volvió una celebridad entre chicos y grandes, admirados de sus 4 metros de altura y 5 toneladas de peso.

Su personalidad fue aflorando en recordadas travesuras, como la vez que sustrajo con su larga trompa una chaqueta de mezclilla a un visitante que estaba apoyado en una zona delimitada. Al ver la pobre Fresia que no era comida, la rasgó y se la regresó a su dueño indignada. En otra ocasión le dio un merecido coscorrón a una chiquilla que la trató de engañar varias veces mostrándole el puño cerrado, haciendo como si tuviera comida, para después mostrarle la mano vacía.

Lamentablemente muchos de sus visitantes ponían en peligro su vida al darle sustancias peligrosas para que ingiriera. Hasta tuvo que ser intervenida quirúrgicamente para extraer una barra metálica de sus fosas nasales que fue puesta por algún malintencionado.

Más allá de estos episodios, Fresia fue uno de los símbolos citadinos más admirados por los niños de los 80. En cada uno de sus cumpleaños era visitaba especialmente por cientos de chicos y chicas que llenaban el zoológico con sus gritos celebratorios; y los veterinarios le preparaban un pastel especialmente para ella. El evento era reporteado año tras año en los noticieros locales.

Fue durante esa época cuando Fresia, ya entrada en su cuarta década, empezó a decaer debido a un problema en sus articulaciones que le generaron una infección reumatoidea.

 En el otoño de 1991 a sus 54 años su condición empeoró hasta quedar prostrada. Le trajeron una grúa especial para poder mover su enorme cuerpo cada cierta cantidad de horas para que no aplastara sus órganos.

Ni bien corrió la noticia de que la querida Fresia estaba ya en las postrimerías de su vida, gente de todo Chile peregrinó hasta el Parque Metropolitano de Santiago para rendirle honores: niños le llevaban regalos y dibujos con la esperanza que se mejorara mientras sus padres trataban de esconder el pronóstico inevitable de la gigante.

Fue un viernes 17 de mayo de 1991 el día en que murió Fresia, la mítica elefanta del zoológico de la capital, a causa de un edema producido por su propio peso. 36 horas duró su sufrido y concurrido funeral  dirigido por un sacerdote de la orden de San Francisco de Asís. De todo los rincones de Chile llegaron visitas, flores, dibujos y mensajes de cariño, los que llenaron su refugio en un sentido último adiós.

Sus restos sufrieron un largo periplo en el afán de conservarlos. Primero se intentó embalsamarlo, mas el fracaso de la empresa terminó con su cuerpo enterrado en el bosque del Parque Metropolitano. Su cabeza se mantuvo congelada en el Mercado de Lo Valledor, para después ser disecada y trasladada al Museo Nacional de Historia Natural de la Quinta Normal. Las reacciones adversas del público hicieron que finalmente las autoridades optaran por enterrar su cabeza junto al resto de su cuerpo, dándole por fin un pacífico descanso.

Por esos días, en algunas comunas de la capital espontáneamente surgieron rayados en las paredes que proclamaban, libre y desinteresadamente, para quien posase su vista en ellos que “Fresia vive, la lucha sigue”.

*Este artículo fue basado en el libro  ‘Crónicas de un Santiago Oculto’ de Criss Salazar. Entérate más sobre historias desconocidas de Santiago aquí.

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